Viernes - GRATITUD: UN CORAZÓN HUMILDE DE ADORACIÓN


GRATITUD: UN CORAZÓN HUMILDE DE ADORACIÓN 

Susan Murray

Escritura de Hoy: “María tomó entonces como medio litro de nardo puro, que era un perfume muy caro, y lo derramó sobre los pies de Jesús, secándoselos luego con sus cabellos. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.” Juan 12:3, NTV

Tema: La adoración nos cuesta nuestro orgullo.

¿QUÉ ES LA ADORACIÓN?

Usamos la palabra “adoración” con tanta frecuencia que creo que es posible que perdamos su verdadero significado. Tenemos la tendencia pensar que la adoración se trata únicamente de las emociones que experimentamos, especialmente durante la música en un servicio eclesiástico. La música que posee letras bíblicas y sólidas puede, y debe, evocar emociones intensas; sin embargo, la verdadera adoración es mucho más que una simple emoción. Involucra a todo nuestro ser, incluyendo nuestra mente y nuestra voluntad. Jesús dijo en Juan 4:24 que debemos adorar en verdad. Hacemos esto al utilizar nuestra mente para reflexionar profundamente sobre las verdades de las Escrituras. Pablo nos dice en Romanos 12:1 que entregar nuestra voluntad a Dios constituye nuestro “acto espiritual de adoración”. Esto es verdadera humildad. Y los Salmos están repletos de expresiones emotivas de amor hacia Dios.

LA ADORACIÓN DE MARÍA

Se nos presenta a María de Betania en Lucas 10, donde ella decide sentarse a los pies de Jesús para aprender de Él —la postura humilde de una discípula. En aquellos tiempos era impensable que las mujeres pudieran aprender y convertirse en discípulas de líderes religiosos. Sin embargo, Jesús la recibió, y ella disfrutó de Su presencia y de Sus palabras.

Luego la vemos en Juan 11, cuando está lamentando la muerte de su hermano Lázaro. Ella presencia a Jesús compartiendo su dolor, derramando lágrimas con ella, y luego levantando milagrosamente a Lázaro de entre los muertos. Su corazón debió haberse llenado de una gratitud increíble.

Esa gratitud se manifiesta luego en el capítulo 12 de Juan, cuando vemos a María abrir un frasco de perfume. No se trataba de un perfume cualquiera, sino de un perfume sumamente costoso —valorado en 300 denarios (según Judas)—, lo cual equivalía, en aquella época, a aproximadamente un año de salario por realizar trabajos manuales básicos. Hoy en día, se estima que su valor equivalente oscila entre los 15.000 y los 60.000 dólares. María lavó los pies de Jesús con el perfume y luego los secó con su propio cabello.

A nosotros nos parece extraño en nuestra cultura, pero en aquel tiempo la gente habría quedado totalmente impactada. Ella tomó la posición de una sierva humilde, la posición del esclavo más bajo de la casa. ¡Lavar los pies nunca lo haría alguien importante del hogar! Se consideraba humillante y por debajo de su dignidad. Y aun así, vemos en ella una humildad dispuesta que expresaba una profunda devoción. ¡Ella amaba a Jesús! Sus acciones demostraban cuánto lo valoraba. Lo amaba más que su orgullo y más que lo que probablemente era lo más costoso que poseía. Lo amaba más que a la opinión que cualquier otra persona pudiera tener de ella.

Hazlo Algo Personal: ¿Sientes ese espíritu emotivo de adoración únicamente cuando estás en la iglesia, cantando alabanzas? Tal vez sea solo la hermosa melodía y el ritmo de la batería lo que te conmueve. ¿Se llena tu mente de pensamientos sobre Jesús y lo que Él hizo por ti, transformándose en una adoración llena de gratitud a lo largo de la semana? ¿Te sientes transformado al pasar tiempo con Jesús, amándolo por ello más que a cualquier otra cosa o persona, de tal modo que esto influye en tus decisiones sobre tu dinero, tu tiempo y tus prioridades? ¿A qué le otorgas el valor supremo? Eso es lo que adorarás, ante lo que doblarás la rodilla y lo que seguirás.

Te darás cuenta de que no siempre llegarás a donde quisieras, porque nuestra adoración nunca es perfecta. No lo conviertas en un desempeño ni en hacerlo todo ‘a la perfección’. La verdadera adoración nace de un corazón que ha pasado tiempo con Jesús, como María de Betania. Llegará. Piensa, canta, entrégate. Medita en Jesús y en cómo Él valoró tu vida más que la Suya, entregándose por personas como tú y como yo, pecadores merecedores del juicio de Dios. Sin embargo, Él tomó ese juicio sobre Sí mismo. Considera este sacrificio hasta que todo tu ser se eleve en adoración agradecida. Tu adoración te llevará a una obediencia más profunda, y esa obediencia, a su vez, seguirá fortaleciendo y profundizando tus actos de adoración.

Ore: Dios que estás en los cielos, Tú eres el Creador de todas las cosas y Tú mantienes unido todo el universo. Eres digno de nuestra adoración; santificado sea tu nombre. Perdónanos por valorar y adorar otras cosas más que a Ti, tales como el dinero, las posesiones, la aprobación, el éxito y _______ (completa el espacio en blanco según te guíe el Espíritu Santo). Tú me amas. ¡Tú me amas! ¡Tú me amas! Soy Tuyo gracias a Cristo Jesús. Te amo. Te amo. Te amo. Lléname de Tu verdad y de Tu gracia para que pueda adorarte aún más. Amén.

Leer: Romanos 12:1-2; Juan 12:1-7; Salmos 95:1-5, 63:1-4

Versículo de Memorizar de la Semana: “Por lo tanto, por medio de Jesús, ofrezcamos un sacrificio continuo de alabanza a Dios, mediante el cual proclamamos nuestra lealtad a su nombre.” Hebreos 13:15, NTV