Viernes - DAR MÁS DE LO QUE ME CORRESPONDE


DAR MÁS DE LO QUE ME CORRESPONDE 

Carey Madding 

Escritura de Hoy: “Y todo lo que hagan o digan, háganlo como representantes del Señor Jesús y den gracias a Dios Padre por medio de él.” Colosenses 3:17, NVI 

Tema: Nuestro enfoque en todas las cosas, incluyendo nuestras relaciones más íntimas, debe ser mantener a Dios en el centro y permanecer agradecidos.  

CINCUENTA Y CINCUENTA 

Cuando somos niños aprendemos a compartir dulces a tomar turnos para ser el capitán o a intercambiar quién se queda con el juguete más deseado. Pero lo aprendemos de manera incompleta. Tratamos de mantener todo parejo. Partimos la barra de chocolate en mitades exactas y hasta establecemos la regla de que quien la corta no escoge primero. La meta es que todo sea justo. 

Sin embargo, esta no fue la manera en que Jesús vivió Su vida. Él enseña que no existe el *quid pro quo* (el intercambio recíproco); no hay “ojo por ojo”; no se lleva la cuenta de quién da más o menos. Él ama incondicionalmente, incluso a nosotros, que somos pecadores. Él entregó Su vida en obediencia a Su Padre, no con la expectativa de que nosotros aceptáramos Su gran regalo. Él lo dio todo por nosotros; lo dio todo incluso por mí.  

LA CLAVE 

Incluso en nuestras relaciones más profundas e íntimas, los mandamientos del Señor Dios son aplicables: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, y a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37–40, parafraseado). En lugar de amar al cincuenta por ciento y esperar que mi pareja recorra la otra mitad del camino, estoy llamado a amarlo como me amo a mí mismo (algo que no me cuesta hacer con un cien por ciento de entrega). Si me esfuerzo por lograr eso, tal vez logre amarlo y servirlo con al menos un ochenta por ciento de éxito, y él hará lo mismo. E incluso si él no lo hace, mi objetivo es servirlo como serviría al Señor, y amar como me amo a mí mismo: con todo mi corazón y toda mi alma.  

EN LOS PEQUEÑOS DETALLES 

Este amor puede manifestarse de muchísimas maneras: palabras de elogio y afirmación; actos de servicio; tiempo de calidad; regalos; contacto físico (según *Los cinco lenguajes del amor*, de Gary Chapman). Los pequeños actos diarios de atención y cuidado se acumulan con el paso del tiempo. La ropa doblada, las caricias tiernas, la comida casera o una cena romántica fuera de casa: todo esto puede ser un signo de amor y cuidado. Por ello, elige actos de abnegación: el pasatiempo o el restaurante favorito de tu cónyuge, no el tuyo. Una decoración que se ajuste un poco más a su gusto que al tuyo. Incluso en el lecho conyugal, sé desinteresado: cada uno debe anteponer el placer físico del otro al propio. 

¡Parece un sacrificio tan grande! Pero los caminos de Dios no son nuestros caminos. La abnegación conduce a la plenitud. En el mismo discurso en el que Jesús nos dice que entrega su vida por sus ovejas por su propia voluntad, nos dice también que vino para que tengamos vida, y la tengamos en abundancia. La versión *The Message* lo traduce de este modo: “Vine para que tengan vida real y eterna; una vida mejor y más plena de lo que jamás soñaron” (Juan 10:10b, MSG). No puedo garantizar que tu cónyuge, a su vez, te ame y te sirva con total ausencia de egoísmo; aunque sí esperaría que tu amor desinteresado propicie algunos cambios positivos en tu matrimonio. En tus luchas por amar y servir, busca la guía de Dios. Siempre es mejor vivir tal como Él nos indica y tal como Jesús nos modeló. 

Hazlo Algo Personal: Todos queremos que se haga a nuestra manera que se tomen en cuenta nuestras preferencias y que nuestras necesidades se atiendan primero. Pero detente un momento y piensa en las maneras en que tus necesidades sí están siendo atendidas y tus preferencias sí están siendo consideradas. Da gracias por esas cosas. A veces agradecer aun lo más pequeño nos ayuda a reajustar el corazón. Poner a otros antes que a uno mismo es una decisión que se toma minuto a minuto. Y mientras más cercana e íntima es la relación más fácil es volver a viejos patrones y dejar a un lado la fachada de cortesía. Sin embargo, es precisamente ahí donde deberíamos ser más amorosos más parecidos a Cristo y más dispuestos a sacrificar. Si te resulta fácil expresar tu disgusto pregúntate: ¿En qué áreas estás exigiendo tus derechos o tu manera? Haz una lista de cinco maneras en las que podrías amar a tu cónyuge y demostrar ese amor amándolo o amándola como te amas a ti mismo. 

Nota: Si sientes que tu relación es abusiva o que las exigencias de tu pareja son irrazonables, busca ayuda: acude a un consejero, a un miembro de un equipo de oración, al líder de tu Grupo de Vida o a un miembro del personal de *The Cove*. Una perspectiva externa puede ayudarte a ver y escuchar a Dios y Su plan, tus próximos pasos o un camino a seguir. 

Ore: Dios Señor, por favor, ayúdame a amar bien a los demás. Ayúdame mientras te busco y sirvo tal como Tú lo hiciste, especialmente a aquellos que tengo más cerca. Concédeme la gracia de amarlos y servirlos tal como deseo ser amado y servido yo mismo. Ayúdame a no enfocarme en la equidad ni en llevar la cuenta. Ayúdame a mantener un corazón agradecido por mis relaciones. Reconozco y te doy gracias por la bondad y el amor que me has mostrado. Deseo dejar de lado intencionalmente mi orgullo y mi egoísmo, ofreciendo generosamente bondad y amor a los demás. En el nombre de Cristo Jesús, amén.  

Leer: Juan 10:7-18; Mateo 22:37–40 

Versículo de Memorizar de la Semana: “Luego Dios el Señor dijo: “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada.’” Genesis 2:18, NVI