Viernes - CUANDO EL MIEDO SE HACE FUERTE, HAZ DE LAS ESCRITURAS UN SALVAVIDAS


CUANDO EL MIEDO SE HACE FUERTE, HAZ DE LAS ESCRITURAS UN SALVAVIDAS 

Nichol DeGroot

Escritura de Hoy: “ Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: “¡Abba! ¡Padre!”. Romans 8:15, NVI

Tema: El deseo de Dios es liberarnos de toda ansiedad y temor a medida que aprendemos a confiar en Él.

TRAE TODO PENSAMIENTO ANSIOSO A DIOS

El temor y la ansiedad nunca fueron la intención de Dios para Sus hijos. Las Escrituras lo dejan claro una y otra vez, no negando la realidad de los tiempos y situaciones difíciles, sino invitándonos a liberar y poner en manos de Dios todo lo que nos agobia. Dios nos invita a entregarle nuestras preocupaciones. Nunca fueron para que las carguemos solos.

La Biblia nos dice: “No se preocupen por nada. Que sus peticiones sean conocidas delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.” (Filipenses 4:6). Nos recuerda: “ Porque no nos ha dado Dios un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (2 Timoteo 1:7). Y nos insta a: “Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes.” (1 Pedro 5:7). Estas no son palabras vacías ni expectativas irrealistas; son reflejos del corazón de Dios. Si el miedo y la ansiedad debieran definir nuestras vidas, las Escrituras no nos llamarían tan claramente a renunciar a estos.

ANSIEDAD Y MIEDO FUERTES

La ansiedad puede ser abrumadora. Puede parecer justificada, arraigada en un dolor real, una incertidumbre y circunstancias reales. Hay momentos en que el miedo se vuelve tan fuerte que es difícil escuchar la voz de Dios. Empiezan a surgir las preguntas. La frustración crece. La mente repite los mismos pensamientos una y otra vez. Esto mantiene viva la llama de la ansiedad. Sin embargo, la Palabra de Dios nos recuerda que, aunque el miedo sea fuerte, no es la autoridad final.

SANIDAD

La sanidad no viene de negar nuestras emociones ni de pretender que el miedo no existe. Viene de aprender qué hacer con esas emociones cuando salen a la superficie. La Escritura nos enseña a llevar cautivo todo pensamiento y hacerlo obediente a Cristo (2 Corintios 10:5). Esto significa que no tenemos que estar de acuerdo con cada pensamiento que entra en nuestra mente. La Palabra de Dios nos recuerda que nuestros pensamientos deben medirse a la luz de Su verdad.

QUE LA PALABRA DE DIOS SEA LA PALABRA FINAL

Para muchos, la libertad comienza cuando las Escrituras dejan de ser abstractas y se vuelven personales. Cuando surgen pensamientos ansiosos, podemos llevarlos a Dios. Podemos recordarnos lo que Él ya ha dicho leyendo Su Palabra. Con el tiempo, Dios usa Su Palabra para calmar el miedo y transformar nuestra manera de pensar y responder. Puede que las circunstancias no cambien de inmediato, pero algo dentro de nosotros sí. La confianza crece. La paz se arraiga y el miedo ya no tiene la última palabra.

Romanos 8:15 nos recuerda que no somos esclavos del miedo, sino hijos de Dios. Como hijos suyos, estamos invitados a acudir a Él con honestidad con cada pensamiento ansioso, cada preocupación y cada pregunta. El deseo de Dios no es que vivamos abrumados por el miedo, sino que aprendamos a confiar en Él lo suficiente como para soltarlo.

Hazlo Algo Personal: Tómate un momento para reflexionar honestamente ante Dios. La ansiedad frecuentemente crece cuando no se habla de ella, pero las Escrituras nos invitan a llevar lo que nos agobia ante Su presencia.

• ¿Qué hay en tu vida ahora mismo que te causa miedo o ansiedad?

• ¿Has reconocido estos sentimientos honestamente ante Dios?

Piensa en los pensamientos que suelen aparecer cuando surge la ansiedad.

• ¿Qué pensamientos te vienen repetidamente a la mente durante la ansiedad?

• ¿Se alinean estos pensamientos con lo que dice la Palabra de Dios sobre Su carácter y cuidado?

La Escritura nos anima a llevar cada pensamiento a Dios y a confiarle aquello que no podemos controlar.

• ¿Cómo se vería traer tus pensamientos ansiosos a Dios en el momento en que surgen, en lugar de cargarlos tú solo?

• ¿Hay alguna Escritura que Dios te esté invitando a aferrarte en esta temporada?

Mientras reflexionas, recuerda que soltar el miedo no se trata de ignorar la realidad, sino de confiarle esa realidad a Dios.

• ¿Cuál es un paso que puedes dar hoy para confiar más plenamente en Él?

Ore: Dios Padre, venimos a Ti sabiendo que eres bueno y que Te preocupas por nosotros. Ves lo que nos pesa en el corazón, incluso cuando nos cuesta expresarlo con palabras. Gracias por invitarnos a acudir a Ti con honestidad y sin miedo.

Señor Dios, nos recuerdas en Tu Palabra que no estamos destinados a vivir abrumados por el miedo ni la ansiedad. Enséñanos a confiar en Ti con cada pensamiento que nos preocupe y con cada carga que nos pese. Ayúdanos a reconocer lo que no se alinea con Tu Verdad y a ponerlo en Tus manos.

Cuando nuestra mente se sienta inquieta, llévanos de vuelta a Tu Palabra. Permite que las Escrituras sean un salvavidas que tranquilice nuestros corazones y renueve nuestra confianza en Ti. Enséñanos a descansar en la verdad de que somos Tus hijos y que siempre estás cerca.

Hoy ponemos nuestras preocupaciones ante ti y te pedimos que nos llenes de Tu paz. Fortalece nuestra fe mientras aprendemos a confiar más profundamente en Ti. Recibimos Tu cuidado, Tu amor y Tu presencia. En el nombre de Cristo Jesús, amén.

Leer: Romanos 8:15, 2 Corintios 10:5, Isaías 41:10, Salmo 55:22, Juan 14:27

Versículo de Memorizar de la Semana: “Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes.” 1 Pedro 5:7, NIV