UNA LUZ BRILLA EN LA OSCURIDAD
Kendra Intihar
Escritura de Hoy: “Cerca de las tres de la tarde, Jesús clamó a gran voz. Decía: “Elí, Elí, ¿lema sabactani?", es decir, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?’” Mateo 27:46, RVC
Tema: En el momento más difícil de Jesús, se mantuvo fiel.
EL AMOR SALVA AL MUNDO
El ministerio terrenal de Jesús fue una acusación continua contra el poder mundano. De las Bienaventuranzas a la sanación de los marginados de la sociedad, a comer con pecadores y recaudadores de impuestos, a la historia del Buen Samaritano, a la mujer junto al pozo, a la mujer sorprendida en adulterio, a la purificación del templo, a Su desafiante silencio frente a Caifás: Cada historia demuestra una y otra vez de las enseñanzas de Jesús de que el amor, no el poder ni el dinero, es lo que salva a este mundo caído.
No debería sorprendernos que Él continuo hablando este tipo de Verdad, incluso en Su momentos más difíciles en la cruz.
REFERENCIA
En la época de Jesús, el pueblo judío aprendía las Escrituras (nuestro “Antiguo Testamento”) desde la infancia. Los judíos observantes lo sabrían al derecho y al revés y lo memorizarían, como usted y yo memorizamos las letras de las canciones. Solo escuchar el primer verso le traería a la mente el resto del pasaje. En la cruz, a la hora de Su muerte, alrededor de las 3 de la tarde, Jesús clama: “Eli, Eli, lema sabactani?” o “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46, RVC). Esta pregunta solía darme una sensación de terror y desaliento. La idea de que Dios abandono a Su Hijo es desoladora.
Hermanos y hermanas, la Escritura es tierra hermosa, fértil y rica en la que podemos plantarnos para crecer. Venga a escarbar conmigo por un momento, ensuciémonos las uñas. El Salmo veintidós, que habría sido íntimamente familiar para Jesús, comienza: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Salmo 22:1, NVI). ¿Suena familiar? Habría sonado como una tontería desesperada para los Romanos presentes, pero para cualquier judío al pie de la cruz, una cascada de versos habría inundado repentinamente sus mentes.
Versos como:
“El pueblo me desprecia. Cuantos me ven, se burlan de mí, lanzan insultos …” (Salmos 22:6b-7a, NVI). Jesús, de hecho, estaba siendo despreciado y burlado en la cruz.
“Este confía en el Señor, ¡pues que el Señor lo ponga a salvo! Ya que en él se deleita, ¡que sea él quien lo libre!’”. (Salmo 22:8, RVC). Estas fueron las mismas palabras de aquellos burladores en Mateo 27:43.
“Me ha cercado una banda de malvados; ¡me tienen rodeado. ¡Han taladrado mis manos y mis pies! Mientras ellos se regodean al verme. Echan a la suerte mis vestidos y se los reparten por sorteo”. (Salmo 22:16b, 17b, 18, RVC). Sí, esto es exactamente lo que le estaba pasando a Jesús en la cruz en Mateo 27:35.
Todos estos versículos fueron escritos siglos antes de que Jesús soportara la cruz, incluso los que me ayudan a entender el pasaje completo:
“… ¡Líbrame de los cuernos de esos búfalos!” (Salmo 22:21b, RVC). “El Señor no rechaza al afligido, no desprecia a los que sufren, ni esconde de ellos su rostro; cuando a él claman, les responde. clamaba a él”. Salmo 22:24, RVC
JESUS NOS ESCOGIO
Los amigos de Jesús enfrente de la cruz habrían escuchado este mensaje alto y claro. Habrían visto la impactante fidelidad de Jesús en ese momento difícil y sombrío. Lo habrían oído dar a entender en silencio que Dios ya lo había rescatado; que Dios no había escondido Su rostro de Su Hijo amado, sino que había oído Sus gritos de aflicción. ¿Cree que algo de esto fue un accidente o una coincidencia para el Señor? ¡Él sabía! Jesús sabía. Sabía que Dios estaba allí. Su referencia al Salmo 22 fue para Sus seguidores, y es para nosotros.
El final del Salmo 22 nos recuerda que Jesús estaba en desesperación y dolor que no podemos imaginar. Pero con sus últimos suspiros, nos dice que quería estar allí, eligió estar allí, para usted y para mí. Su atención a los Salmos es nuestra seguridad divina de que, a través del sufrimiento de Jesús, “y hablarán del Señor a la generación venidera. Se dirá a los que aún no han nacido …” (Salmo 22:30b-31a, RVC). El glorioso plan de Dios para nosotros estaba en marcha. Jesús lo dijo en sus últimas palabras.
Jesús estaba soportando la burla y el escarnio a propósito, haciendo lo que tenía que hacer para abrirnos camino: “un pueblo aún por nacer”. En Mateo 26:53-54 (NVI), Jesús dijo: “¿No te parece que yo puedo orar a mi Padre, y que él puede mandarme ahora mismo más de doce legiones de ángeles? Pero entonces ¿cómo se cumplirían las Escrituras? Porque es necesario que así suceda”. Podría haber elegido la legión de ángeles para rescatarlo dramáticamente, pero en lugar de eso, se quedó. ¡Él es tan fiel, incluso hasta la muerte!
Hagalo Algo Personal: Hoy, trate de hacer tiempo para leer tanto Mateo 27 como el Salmo 22, e imagine lo que las palabras de Jesús habrían significado para quienes lo rodeaban en la cruz. Si puede, póngase en el lugar de Sus amigos, Su madre, el centurión, los otros soldados romanos y la élite religiosa. ¿De qué manera Su citar del Salmo 22 habría afectado de manera diferente a cada una de esas audiencias? ¿Cómo le afectan a usted sus palabras hoy?
Ore: Jesús, en Tu hora más difícil, Te mantuviste fiel. Permaneciste en la cruz para que podamos, generaciones a partir de ahora, proclamar el plan glorioso de Dios para nuestra salvación a través de Tu abnegación. El Viernes Santo solo es bueno porque Tú elegiste la voluntad del Padre, Tú nos elegiste a nosotros. Gracias porque la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la han vencido. Gracias por seguir perforando los lugares difíciles de mi vida. En Tu hermoso Nombre oro, Amén.
Leer: Filipenses 2:5-11; Gálatas 2:20; Romanos 6:6
Versículo de Memorizar de la Semana: “Porque por el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, para que, así como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva”. Romanos 6:4, RVC