¿QUÉ SIGNIFICA?
Debbie Nelson
Escritura de Hoy: “Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo.” Efesios 5:21, NIV
Tema: Antes de decidir cómo resolver un desacuerdo o qué opción elegir por encima de otra, pregúntate: “¿Esto honra a Dios?”.
SOMETERSE POR DEVOCIÓN
Esta Escritura nos llama a poner las necesidades de los demás por encima de las nuestras. La sumisión no se basa en el mérito, sino que es un acto de adoración y reverencia hacia Jesús, modelado según Su ejemplo. Establece un fundamento de humildad, donde los creyentes consideran a los demás más importantes que a sí mismos, lo cual contrasta directamente con el enfoque del mundo en el poder y la promoción de sí mismo.
Nos sometemos unos a otros porque Cristo nos enseñó claramente a hacerlo. Es una expresión de gratitud por todo lo que Él ha hecho. En el mundo actual, esto significa elegir intencionalmente priorizar a los demás por encima de nosotros mismos; no para obtener reconocimiento, sino por devoción a Él. En nuestros matrimonios, familias, lugares de trabajo y comunidades eclesiales, esto se manifiesta a través del respeto mutuo, la humildad y el servicio sacrificial, en lugar de insistir en nuestros propios derechos.
ELEGIR LA UNIDAD POR ENCIMA DE “TENER LA RAZÓN”
En las relaciones especialmente en el matrimonio la sumisión mutua es esencial. Ambos están llamados a buscar el bienestar del otro por encima del propio. Esto requiere soltar la idea de todo se trata de mí y aceptar una actitud de servicio. En los desacuerdos esta sumisión se refleja en la empatía en una comunicación abierta y en la disposición de escuchar. Evita el silencio como castigo. Suelta la necesidad de ganar cada discusión. En su lugar busca comprender y dale prioridad a la reconciliación por encima de tener la razón.
Recuerdo un desacuerdo específico que tuve con mi esposo durante una etapa particularmente difícil. Él se estaba preparando para regresar al trabajo después de un largo periodo de ausencia. Tenía ante sí dos oportunidades muy diferentes. Una era un empleo de medio tiempo, pero requería viajar con frecuencia. La otra era un puesto corporativo de prestigio con un salario impresionante, aunque implicaba estar atado a un escritorio, algo que a él no le gustaba. Tras ambas entrevistas, parecía que podía elegir cualquiera de las dos opciones. Yo asumí que ambos estábamos en la misma sintonía: que el trabajo corporativo era la opción más sensata. Entonces, él me comunicó que ya había aceptado el puesto de medio tiempo sin haberlo consultado conmigo.
De más está decir que me molestó. Ya había tensión por la situación financiera tan ajustada que estábamos viviendo y esto solo lo complicó más. Pero Dios tenía otro plan. Al final mi esposo no se quedó con ninguno de los dos trabajos. Esa experiencia terminó siendo una lección profunda para ambos. Desde entonces hemos decidido hablar con transparencia sobre las decisiones importantes y entregárselas a Dios confiando en que Él sabe lo que es mejor.
UN PASO MÁS ALLÁ
“Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo.” (Efesios 5:21, NVI). ¿Cómo aplicamos esta Escritura en el lugar de trabajo o en una cultura impulsada por la ambición y la competencia? Comienza con la humildad. En lugar de centrarte únicamente en tu propio ascenso personal, elige escuchar, apoyar a los demás y actuar con integridad. No uses tu posición para obtener beneficios egoístas; úsala para servir. En las comunidades eclesiásticas, esto significa que tanto los líderes como los miembros deben atender las necesidades de los demás, tal como Dios lo indica, en lugar de perseguir agendas personales.
En cualquier ambiente estamos llamados a cultivar un corazón de siervo tal como lo hizo Jesús. Esto significa no usar nuestros talentos ni la autoridad que tengamos para beneficio personal sino tomar cada día la decisión intencional de vivir con humildad. No nos sometemos porque otros lo merezcan sino porque honra a Cristo.
Hazlo Algo Personal: La próxima vez que te encuentres en medio de un desacuerdo, haz una pausa. Formula preguntas. Escucha con atención y mantén una mente abierta. No te apresures a sacar conclusiones sin comprender el panorama completo. Luego, preséntaselo a Dios en oración. Pide sabiduría y guía. Finalmente, pon la situación en Sus manos, confiando en que solo Él puede propiciar el mejor desenlace para todos los involucrados.
Ore: Dios Señor, Tú conoces el dilema que estoy enfrentando. Te pido humildemente que me concedas el conocimiento y la sabiduría necesarios para poder seguir adelante. Ayúdame a evitar las ambiciones egoístas y a enfocarme en seguir Tu ejemplo. Pongo todo en Tus manos, pues confío en que Tú proveerás la respuesta en Tu tiempo y conforme a Tus caminos. En el nombre de Jesucristo oro. Amén.
Leer: Filipenses 2:3-4; Gálatas 5:13; 1 Pedro 5:5; Romanos 12:10
Versículo de Memorizar de la Semana: “Luego Dios el Señor dijo: “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada.’” Genesis 2:18, NVI