APRENDIENDO A HONRAR A DIOS
Jenna Worsham
Escritura de Hoy: “Pero tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara para que no sea evidente ante los demás que estás ayunando, sino solo ante tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará.” Mateo 6:17-18, NVI
Tema: Dios ve tu corazón. Cuando ayunas para concentrarte en Él y honrarlo, Él recompensa tu sacrificio y obediencia.
CUANDO AYUNAS, DIOS VE
La Escritura de hoy no dice: “si ayunas”; dice: “cuando”. Jesús ayunó. Parece, según el pasaje, que el ayuno es una práctica regular y esperada para los fieles
Quizás tú, como yo, no te privas de comida frecuentemente. De hecho, como tenemos abundancia, no acostumbramos a considerar el ayuno como la primera opción para ayudarnos a enfocarnos en Dios y honrarlo. Yo pensaría primero en un retiro o un cambio de ambiente. Salir de mi espacio habitual no es necesariamente una mala opción, pero requiere recursos en lugar de ahorrarlos. También pienso en irme lejos para servir, lo cual también es muy bueno.
Una de las maneras más accesibles y menos costosas de enfocarnos en Dios y honrarlo es el ayuno. No tenemos que estar lejos de Él para ayunar. No necesitamos credenciales especiales, boletos de avión ni alojamiento. Solo hay algunas indicaciones sencillas: hacerlo con sencillez, sin dramatismos, sin aparentar que nos morimos de hambre; ayunar para Dios, no para impresionar a otros. No es necesario que muchas personas lo sepan. Simplemente dejamos de comer nuestras comidas habituales por un tiempo, de manera intencional.
AYUNAR PARA HONRAR Y OBEDECER A DIOS
El ayuno con propósito, con la intención de honrar a Dios, es difícil según mi experiencia. No es lo mismo que dejar de comer una comida accidentalmente o porque comiste demasiado en la comida anterior. Hay algo inquietante en saber que no vas a comer cuando te ruge el estómago; planeas ignorarlo y eso hace que sea más difícil. Es casi como si mi cuerpo decidiera volverse excesivamente sensible cuando he decidido ayunar. Mi familia invariablemente come una comida deliciosa con un aroma que se extiende en toda la casa. La hora del almuerzo, que otro día podría pasar desapercibida, se acerca a cámara lenta y se alarga mucho más de lo habitual. ¿Cuántos minutos se necesitan para preparar, comer y limpiar después de la comida? Ahora tengo esos minutos para permitir que Dios satisfaga mi alma. Lo que elijo hacer con mi hambre importa. Puedo dejarme consumir por la falta de comida, o puedo reorientar mi esfuerzo hacia Dios.
El hambre es solo un apetito físico. Tenemos otros. La práctica de privarme de comida me prepara para confiar en Dios incluso si no puedo comer. Prepara mi alma para la realidad de que Dios realmente me sustenta. Quizás, cuando ayune, me ayude a soportar si llega un momento en que ya no pueda alimentarme o no haya comida disponible. Independientemente del beneficio o crecimiento que produzca el ayuno, su propósito principal no es mostrar a los demás lo fuerte que soy. Es todo lo contrario; admitir en privado mi propia debilidad y mi necesidad de Dios.
ÉL TE ENCONTRARÁ ALLÍ
Dios está allí cuando llegamos al límite de nuestras fuerzas. Cuando estuve en Sudáfrica recientemente, el equipo estaba hablando de nuestra experiencia al visitar las casas de los niños apadrinados. Escuchamos el relato de un joven que vivía solo sin ni una sola migaja de comida en su vivienda improvisada. Recibía un paquete de comida mensual; sin embargo, decidió dejarlo con su familia en la casa principal mientras él se quedaba en un espacio aparte.
Nuestro equipo comentó lo aterradora que debe ser la inseguridad alimentaria. ¿Te imaginas no tener nunca un bocado a mano? Lo que ese joven sabe sobre la provisión de Dios —por años de experiencia sin tener control sobre su próxima comida— podemos vislumbrarlo cuando obedecemos y ayunamos. Una cosa es segura: Dios te encontrará allí cuando lo busques, no para llamar la atención, ni por ninguna otra razón que no sea honrarlo, obedecerlo y estar cerca de Él.
Hazlo Algo Personal: ¿Considerarías ayunar intencionalmente esta semana? Anota tus miedos y preocupaciones, y luego llévalos directamente a Dios en oración. ¿Llevas un alimento en tu bolso? ¿En tu coche? ¿Alguna vez falta un alimento en tu despensa?
Ore: Dios, gracias por tu provisión y por honrar nuestros sacrificios. Ayúdanos a saber que, sea lo que sea que temamos, Tú puedes superarlo. Ayúdanos a conocerte y a confiar más en Ti. Cuando ayunemos, ayúdanos a hacerlo con honor, no para llamar la atención, sino en obediencia a Ti. En el nombre de Cristo Jesús, amén.
Lectura: Lucas 2:36-37; Lucas 6:17-21, 25
Versículo de Memorizar de la Semana: “A sus discípulos Jesús les dijo: “Si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame.’” Mateo 16:24, RVC