Martes - EL PROPÓSITO DEL AYUNO


EL PROPÓSITO DEL AYUNO

Sarah Sloan  

Escritura de Hoy: “Cuando ayunen, no pongan cara triste como hacen los hipócritas, que cambian sus rostros para mostrar que están ayunando. Les aseguro que estos ya han obtenido toda su recompensa.” Mateo 6:16, NVI  

Tema: Ayunar con el fin de mostrar a los demás nuestra supuesta espiritualidad es pecaminoso y desagradable para Dios.

PORQUE DIOS LO DIJO

El año pasado tuve algunos problemas de salud menores que me llevaron a practicar el ayuno. En concreto, tenía programada una resonancia magnética de seguimiento y escuché a Dios decirme que ayunara hasta la resonancia. Debo confesar que en ese momento no estaba muy convencida de ayunar. De hecho, eso sería quedarse corto. Solía ​​decir que no tenía dominio propio con la comida, hasta que una buena amiga me confrontó al respecto y me recordó que el dominio propio es un fruto del Espíritu. Y si yo era seguidora de Cristo y el Espíritu Santo vivía en mí, entonces tenía dominio propio a mi disposición y debía vivir de acuerdo con ello. ¡Qué gran lección!

Sin embargo, hasta ese momento, solo había hecho unos pocos ayunos de 24 horas. No sabía mucho sobre lo que la ciencia decía acerca del ayuno, pero sabía que era algo a lo que Dios nos llama en la Biblia. Así que decidí confiar en la palabra de Dios y seguir lo que Él me decía. Terminé haciendo un ayuno de seis días. Quería contárselo a todo el mundo, porque no tenía ni idea de que fuera capaz de hacer algo así. Estaba muy orgullosa. Y, sin embargo, mi orgullo y mi egocentrismo me distrajeron de lo que era verdaderamente importante.

Fue durante este tiempo de ayuno que necesité a Dios profundamente, me apoyé mucho en Él, oré sin cesar por mi salud y mi corazón, y pasé tiempo en adoración. Fue un hermoso tiempo de cercanía con mi Salvador, y experimenté una energía y una claridad mental que no había sentido en años. También fue en este período que Dios me sanó, y los resultados de mis exámenes fueron negativos. 

LA CIENCIA LO CONFIRMA

Desde entonces, he estudiado el ayuno intermitente, los ayunos de 24 horas, los ayunos más largos y el ayuno cíclico. He descubierto que tanto el ayuno como los banquetes forman parte del ritmo que Dios estableció para nosotros como seres humanos, para maximizar nuestra salud, nuestra dependencia de Él y nuestro disfrute de la vida. Lo maravilloso es que la ciencia valida la Biblia. Al observar la evidencia científica sobre los banquetes y el ayuno, encontramos que estos ciclos permiten que nuestras células inicien el proceso de autofagia o reciclaje celular y la regeneración de células madre. ¿No es asombroso que Aquel que creó nuestros cuerpos también nos haya dado una guía sobre cómo funcionarían mejor?

Sin embargo, como es propio de la naturaleza humana, frecuentemente tomamos las cosas que están destinadas para nuestro bien y las pervertimos. Si bien Dios designó temporadas para que el pueblo judío celebrara con comidas y banquetes con sus seres queridos, también los llamó a ayunar a intervalos regulares. Rápidamente convertimos los banquetes en una experiencia de todo el día, todos los días, en lugar de intervalos de celebración. Buscamos la satisfacción instantánea que nos da la comida en lugar de buscar a Dios. Hemos descuidado el ayuno y, específicamente, el ayuno para concentrarnos en Dios.

En tiempos de Jesús, el ayuno frecuentemente se usaba incorrectamente para demostrar superioridad moral. El ayuno nunca tuvo la intención de ser una herramienta para llamar la atención sobre nosotros mismos, nuestra espiritualidad, nuestro control sobre nuestros cuerpos o una concentración extrema en la salud. Desde mi sanación, me doy cuenta de que la lucha no es tanto ayunar para presumir ante los demás, sino que busco los beneficios para la salud en lugar de los beneficios espirituales de conectarme con Dios. El ayuno nos brinda la oportunidad y el espacio para recordar nuestra necesidad de Él. Cada antojo que sientas durante el ayuno debe recordarte tu dependencia del verdadero Pan de Vida. El ayuno, en esencia, nos recuerda quiénes somos cuando estamos ante el trono de Dios.

Hazlo Algo Personal: Quizás sea hora de que tú también pruebes el ayuno. Tal vez, como yo, no tengas mucha experiencia con el ayuno. Puedes comenzar simplemente dejando de comer una comida y usar ese tiempo para orar, cantar alabanzas y leer la Biblia. Pídele a Dios que te ayude a enfocar tu mente y tu corazón en Él y no en tratar de impresionar a los demás, en tratar de estar sano o en cualquier otra motivación extrínseca. Cuando sientas hambre, recuerda que esto es un recordatorio para enfocar tu mente en Dios y agradecerle por ser el verdadero Pan de Vida.

Ore:  Dios, gracias por haber creado los alimentos como un regalo y un deleite para el cuerpo. Ayúdame a no darles un lugar de poder en mi vida. Ayúdame a someter todos mis deseos, incluso los de comida, a Ti. Ayúdame a poner todas las cosas en mi vida bajo tu autoridad. Reconozco que eres el Rey y Soberano de mi vida. Quiero someterme a Ti y seguirte en todo. Ayúdame a incorporar el ayuno como un hábito en mi vida, como una forma de adoración a Ti. En el nombre de Cristo Jesús, Amén.

Lectura: Isaías 58:3-4; Zacarías 7:4-6, 8:19; Daniel 9:3-5

Versículo de Memorizar de la Semana: “A sus discípulos Jesús les dijo: “Si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame.’” Mateo 16:24, RVC