Martes - EL CONSUELO DEL DUELO (DOLOR) PENA


EL CONSUELO DEL DUELO (DOLOR) PENA

Susan Murray

Escritura de Hoy: “Entonces, durante siete días y siete noches, se sentaron en el suelo junto a Job, y ninguno le decía nada porque veían que su sufrimiento era demasiado grande para expresarlo con palabras.” Job 2:13, NTV

Tema: Sea usted el tipo de amigo que consuela en silencio. No sermonee posteriormente ni dé tópicos o razones.

SUFRIMIENTO

Creo que todos podemos estar de acuerdo en que el sufrimiento llega a cada uno de nosotros en diferentes formas y en diferentes niveles. Lo único que todo sufrimiento tiene en común es la pérdida. Podría ser cualquier cosa, grande o pequeña, en la que estén puestos los afectos de nuestro corazón. Cuanto mayor es el afecto, mayor es la pérdida, más se estremece nuestro mundo, llevándose consigo nuestra sensación de seguridad y protección. Sentimos que la vida nunca volverá a ser la misma. Sentimos la pérdida en nuestros cuerpos y el dolor pesa mucho.

DUELO (o DOLOR)

Muchas veces queremos escapar de los dolores insoportablemente agudos del duelo. Al principio, trabajamos duro para evitar la pérdida y el duelo haciendo las “cosas” bien. Tal vez hacemos nuestro mejor esfuerzo para obedecer a Dios, al igual que Job. Sin embargo, debido a que vivimos en este mundo caído, no se puede evitar la pérdida. No tenemos el control.

Hay muchos medios para escapar del duelo, como el alcohol, el ajetreo, la comida, la ira, las compras, la exigencia, las bromas o simplemente cerrarse. La tentación es matar el deseo junto con la esperanza. Me di cuenta de la postura de mi propio corazón; si no me importa, entonces no me dolerá. Estas tácticas son un esfuerzo por obtener una sensación de control, pero bloquean lo que todo corazón realmente desea y necesita desesperadamente: estar en una comunidad, dar y recibir amor. Esta comunidad es donde podemos compartir nuestro dolor y recibir consuelo, que tiene sus raíces en la esperanza. Sin embargo, esto también corre el riesgo de sufrir más heridas y dolor además del dolor.

CONSUELO MISERABLE

El duelo está destinado a ser una carga que compartimos. Sin embargo, se ve como una emoción negativa que queremos resolver rápidamente. No solo tratamos de escapar de nuestro propio dolor, sino también del dolor de los demás, especialmente si es prolongado. Inicialmente, podemos dar nuestras condolencias, traer comida y decir una oración, pero luego es "hora de seguir adelante". Cuando el alivio se demora, buscamos una explicación, pensando que, si podemos asignar una razón o incluso culpar, entonces llegará la comprensión y finalmente todo estará “bien”. Una vez más, queremos el control, y nos elude. Nuestra incomodidad con el dolor y el sufrimiento puede convertirnos en consoladores miserables. Nos inclinamos a ofrecer dichos trillados o simplemente a evitar estar presentes.

Podemos decir cosas como: “Sé cómo te sientes”; “Bueno, al menos tienes a tus otros hijos”; “Recuerda Romanos 8:28; “Todas las cosas ayudan a bien” (Verdad torcida, mal aplicada en el momento equivocado, como los amigos de Job). Podemos preguntar, "¿Qué hiciste para causar esto?" O “Si no hubieras _____, esto no estaría pasando”. "¿No crees que ya deberías haber superado esto?" “Todo va a desaparecer y mejorar pronto”.

Somos consoladores miserables cuando hemos huido de nuestro propio dolor, rechazando sus regalos. Si quiero consolar a los demás, debo admitir mi propia pérdida, sentir mi propio dolor y expresar mis sentimientos en voz alta. La Biblia lo llama lamento. Es lo opuesto a la esposa de Job, quien le dijo que maldijera a Dios y muriera. En otras palabras, ella le aconsejó que se olvidara de Dios; que Dios no servía para nada. Más bien, el lamento es volverse hacia Dios y ser honesto acerca de cómo Se siente. Esto es lo que hizo Job. Se quejó a Dios y confió en Dios.

JESÚS, EL MÁXIMO CONSUELO

“Dichosos los que lloran, porque serán consolados.” (Mateo 5:4 NVI). Solo si nos permitimos sentir dolor, llegará el verdadero consuelo.

Jesús fue sanando y cuidando a los que sufrían. Cuando Lázaro, el amigo de Jesús, murió, Él fue y, aunque sabía que iba a resucitar a Lázaro, lloró. En el Huerto de Getsemaní, la noche antes de Su crucifixión, Jesús dijo a Sus discípulos; “Es tal la angustia que me invade, que me siento morir —les dijo—. Quédense aquí y manténganse despiertos conmigo.” (Mateo 26:38 NVI). Jesús no les pidió sus palabras, sino solo su presencia. Sin embargo, se quedaron dormidos. Jesús, conociendo su debilidad, les dio gracia, diciendo: “El espíritu está dispuesto pero el cuerpo es débil” (Mateo 26:41 NVI).

Jesús sabe lo que significa sufrir y afligirse. No tenía casa propia. Fue traicionado por uno de sus discípulos. Fue incomprendido, criticado, despreciado y rechazado. En la cruz, clamó citando Salmos 22:1; “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Él fue abandonado para que nosotros pudiéramos ser redimidos. Fue echado fuera para que pudiéramos ser traídos. Murió para que pudiéramos vivir. 

Su resurrección nos da una nueva esperanza que no se basa en este mundo actual de sufrimiento. Es la esperanza de la eternidad en la presencia y el amor de Dios, para que saboreemos el consuelo ahora, pero solo si nos afligimos y no tratamos de escapar. La promesa de Dios es que Él limpiara toda lágrima. El cielo no es un premio de consolación sino un completo deshacer de toda pérdida como si nunca hubiera ocurrido. (Agradecimientos: Dan Allender y Dr. Tim Keller)

Hágalo Algo Personal: ¿Se permite el duelo bien o se esconde de él? ¿Dónde se esconde? ¿Se encuentra sin palabras cuando otros sufren? Lo animo a tomar su Biblia y leer un Salmo de lamento. Estos incluyen los capítulos 6, 10, 38, 42, 43, 51 y 130. La sanación requiere dolor y el dolor solo puede sanar si permitimos que la esperanza del Evangelio agite nuestros corazones. Siéntese con aquellos que están sufriendo y comparta una lágrima y un abrazo. No de respuestas... porque no las tiene. Solo estar presente da esperanza.

Ore: Dios Señor, Tú hiciste todo perfecto en la creación, pero el pecado del hombre trajo dolor, sufrimiento, pena y tristeza. En lugar de darnos la espalda como merecíamos, enviaste a Jesús. Él vivió la vida perfecta que nosotros no podemos, y luego le diste la espalda para que podamos volvernos hacia Ti (como Job) y recibir Tu consuelo y sanidad. Te alabo por Tu bondad, gracia, amor y fidelidad. Te pido que nos ayudes, mientras sufrimos en este mundo, a recordar con esperanza la promesa de un futuro Contigo para siempre. Amén.

Leer: Salmos 119:76; Juan 16:22; Juan 14:1-3; Apocalipsis 21:1-4; Isaías 53:3

Versículo de Memorizar de la Semana:

“Hasta ahora solo había oído de ti,

   pero ahora te he visto con mis propios ojos.

Me retracto de todo lo que dije,

   y me siento en polvo y ceniza en señal de arrepentimiento».” Job 42:5-6, NTV