CUANDO LA MÚSICA SE RESUELVE
Micah Smith
Escritura de Hoy: "Cada vez que el espíritu de parte de Dios atormentaba a Saúl, David tomaba su arpa y tocaba. La música calmaba a Saúl, lo hacía sentirse mejor y el espíritu maligno se apartaba de él." 1 Samuel 16:23,
Tema: La adoración y la música pueden librarnos de la oscuridad y traernos paz.
DISONANCIA Y RESOLUCIÓN
Si alguna vez has escuchado “Bohemian Rhapsody” de Queen, has experimentado uno de los ejemplos más intensos de disonancia y resolución musical. La canción comienza suavemente, luego se eleva hacia esa sección operática en el medio que es puro desorden y alboroto—“¡Galileo! ¡Figaro! ¡Magnifico!”—voces chocando, el tempo cambiando, nada asentándose del todo. Es disonante, casi incómodo. Pero después irrumpe en esa sección final de rock y, eventualmente, vuelve a resolverse en el suave “Nada realmente importa” del cierre. Puedes sentirlo físicamente cuando sucede: los hombros se relajan; el nudo en el pecho se afloja. La canción se estaba construyendo hacia ese momento de liberación todo el tiempo
En la música, la disonancia ocurre cuando las notas chocan y crean tensión. No es que las notas sean incorrectas; simplemente se sienten como si estuvieran esperando una resolución: ese momento en el que los tonos discordantes encuentran su camino de regreso a la armonía.
En 1 Samuel 16, somos testigos de cómo dos arcos narrativos colisionan en tiempo real. La vida de Saúl se ha convertido en pura disonancia. Vive una vida atormentada y se está asfixiando espiritualmente. La vida de David apenas está comenzando su *crescendo*. Y cuando se encuentran, la adoración de David se convierte en la resolución que Saúl ya no es capaz de generar por sí mismo.
DOS ARCOS QUE SE CRUZAN
Saúl comenzó bien. Fue ungido como el primer rey de Israel, buscando seguir la voluntad de Dios. Pero con el tiempo, empezó a tomar el control, haciendo las cosas a su manera. Dios le daba instrucciones claras, y Saúl las seguía… pero no exactamente. En 1 Samuel 15, Dios le ordenó a Saúl destruir por completo a los amalecitas y todo su ganado. Saúl los derrotó, pero perdonó la vida del rey Agag y conservó las mejores ovejas y vacas. Cuando Samuel (el sacerdote de Israel) lo confrontó, Saúl mintió para encubrirlo, afirmando que había obedecido. Para este punto, la disonancia en la vida de Saúl es ensordecedora: culpa, ansiedad, distancia espiritual de Dios y ahora un espíritu que lo atormenta. Su historia, su reinado, va en descenso.
Mientras tanto, la trayectoria de David va en ascenso. Dios instruye a Samuel a ir a la casa de Isaí porque ha escogido a uno de sus hijos para ser el próximo rey. Después de ver a todos los hijos mayores, más fuertes e impresionantes, David (el menor, el que nadie consideró) finalmente es traído del campo. Dios guía a Samuel a ungirlo.
Hacia el pasaje de 1 Samuel 16:23, sus caminos apenas comienzan a cruzarse. David ha sido llevado al palacio debido a su reputación como músico. Saúl no lo ve como un sucesor; lo ve como un empleado talentoso capaz de calmar su tormento mental y espiritual.
LA ADORACIÓN COMO RESOLUCIÓN
El texto relata que, cuando David tocaba, el espíritu maligno se apartaba de Saúl; era casi como un desinfectante espiritual. El peso y el dolor que Saúl sentía por haber perdido el reino y así como su distancia espiritual de Dios fueron aliviados temporalmente gracias a la adoración ungida de David. David no era solo un músico hábil; algo más estaba sucediendo allí.
David estaba actuando como mediador. Saúl ya no podía acceder a Dios por sí mismo; David, el ungido, ocupó ese lugar entre Saúl y Dios y llevó la paz de Dios a una persona que estaba sufriendo. Y ultimadamente, esto apunta a una de las razones por las que Saúl probablemente llegó a tener celos de David: porque él tenía algo que Saúl ya no podía encontrar — acceso a la presencia de Dios.
La adoración cumple tres funciones en esta historia, y sigue cumpliéndolas hoy en día:
1. La adoración es un vehículo para la presencia de Dios. David era un músico diestro, pero la destreza por sí sola no cambia la atmósfera. Cuando te entregas a la adoración, enfócate en tu conexión con Dios, más que en la perfección de tu voz o de tus notas. No se trata de una actuación; se trata de la presencia.
2. La adoración crea un espacio para respirar. Saúl se estaba asfixiando bajo el peso de su propia ansiedad y culpa. La adoración de David despejó el ambiente. Al igual que la resolución tras la disonancia, la adoración irrumpe a través de la congestión y la opresión, y crea un espacio para volver a respirar.
3. La adoración es un arma espiritual. David no combatió al espíritu maligno con una espada ni con un sermón; lo combatió con una lira. Cuando te sientas abrumado o atormentado, la adoración suele ser una de las formas más directas de expulsar esas influencias
Hazlo Algo Personal: ¿Dónde se encuentra la disonancia en tu vida en este momento? ¿Qué está chocando, qué permanece sin resolver, qué te está asfixiando? ¿Y si la resolución que buscas no se encuentra en tratar de entenderlo todo o de arreglarlo todo por ti mismo, sino en adentrarte en la adoración y permitir que la presencia de Dios haga lo que solo Él puede hacer? La adoración no es música de fondo para tu vida; es el instrumento que Dios utiliza para traer resolución al desorden y alboroto.
Ore: Padre, gracias porque la adoración no son solo canciones; es una puerta de entrada a Tu presencia. Cuando me siento abrumado por la culpa, la ansiedad o la distancia espiritual, ayúdame a recurrir a la adoración en lugar de intentar arreglarlo todo por mí mismo. Enséñame que la solución no proviene de mi propio esfuerzo, sino de que Tú sales a mi encuentro en la música, en la quietud y en la entrega. Usa la adoración para despejar el ambiente y recordarme que Tú estás cerca. En el nombre de Cristo Jesús, Amén.
Lectura: 1 Samuel 16:14-23, Salmo 95:1-7
Versículo de Memorizar de la Semana: “Que se alegren los fieles por su gloria;que aun en sus camas griten de júbilo.” Salmo 149:5, NVI