Jueves - LENTOS PARA LA IRA


LENTOS PARA LA IRA 

Carey Madding

Escritura de Hoy: “El Señor pasó por delante de Moisés proclamando: ¡Yahveh! ¡El Señor! ¡El Dios de compasión y misericordia! Soy lento para enojarme

y estoy lleno de amor inagotable y fidelidad.” Éxodo 34:6, NTV

Tema: Cuando seguimos el ejemplo de Dios, somos lentos para la ira. También nos damos a conocer por nuestra misericordia, gracia, amor abundante y fidelidad.

USANDO A JESÚS COMO EJEMPLO

Cuando queremos justificar la “ira justa”, recurrimos a una historia de Jesús comportándose de una manera que podría describirse como enojado, al expulsar a los cambistas y especuladores del templo. Es un evento registrado en los cuatro Evangelios, pero he encontrado un detalle en Juan que los demás no registran. Mateo, Marcos y Lucas básicamente dicen: “Entró en el templo y comenzó a expulsar a los que estaban allí...”. Luego enumeran los comportamientos mercenarios que ocurrían en ese lugar sagrado. Juan dice que entró y los encontró allí, pero luego añade: “Entonces, haciendo un látigo de cuerdas, echó a todos del Templo,” (Juan 2:15a, NVI). Me imagino a Jesús reuniendo cuidadosamente los materiales, fabricando un látigo, mientras aprovechaba ese tiempo para calmarse y tener una conversación con Dios. Me imagino Su oración: “Padre, estoy enojado, ¡estoy ofendido por el bien de Tu Nombre! ¡Ayúdame a actuar correctamente!”.

APRENDIENDO A CONTROLAR LA IRA

Como hija de un oficial de la Fuerza Aérea, yo sabía que no debía dar portazos, tirar libros ni responder con insolencia. Pero con el tiempo, también aprendí que se me permitiría tener las conversaciones necesarias... ¡después de que me hubiera calmado! Mis padres eran estrictos, pero justos. Si no estaba enojada, enfurruñada o siendo irrespetuosa, podíamos hablar de la situación. No siempre conseguía lo que quería (como ir al baile de séptimo grado), pero siempre me escuchaban.

Mi padre me enseñó que ningún maestro, jefe, entrenador o compañero de trabajo quiere a una persona impulsiva en el equipo. Es posible discrepar, con respeto, sin desahogarse. No me dijo que reprimiera mis emociones. Él quería que yo los controlara, y para eso, necesitaba tiempo y espacio. Muchas veces he recibido regaños de un jefe con un asentimiento de cabeza y un "sí, señora", solo para regresar a su oficina a la mañana siguiente. Pude iniciar una conversación productiva cuando dije: "Pensé detenidamente en nuestra conversación de ayer. Hay algunas cosas que me gustaría discutir".

NO ES "TODO O NADA"

Dios se enoja. Como dice nuestro versículo de memoria de esta semana, podemos enojarnos. Debemos enojarnos ante la injusticia y el sufrimiento. Pero el enojo no nos da derecho a pecar. Puede motivarnos a trabajar por el cambio. Puede llevarnos a recurrir a Dios. Lo que no podemos hacer es quedarnos enojados, amargados y con resentimiento sin entregar estas emociones a Dios y preguntarle qué quiere que hagamos con ellas.

Cuando Job justifica su buena relación con Dios ante sus amigos, menciona sus acciones en favor de los indefensos:

“Me vestí de justicia, y ella me vistió;

 mi justicia era como un manto y una diadema.

Fui ojos para el ciego

y pies para el cojo.

Fui padre para el necesitado,

y busqué la causa del que no conocía.

Quebré los colmillos del impio

y le hice soltar su presa de entre sus dientes.” Job 29:14-17, NVI

Ese último versículo suena drástico; suena a enojo y violencia. Así que nunca es "todo o nada" cuando hablamos de enojo. Sin embargo, Dios siempre es "lento para la ira". Nosotros también deberíamos aspirar a esta cualidad. Al tomarnos ese tiempo extra, nos salvamos a nosotros mismos y a quienes nos rodean de palabras hirientes, acciones ofensivas y consecuencias a largo plazo.

Hazlo Algo Personal: ¿Cómo describirías tu enojo? ¿Lo expresas o lo reprimes? ¿Dices lo primero que se te viene a la cabeza, o te enfurruñas y rumias respuestas enojadas en tu mente? ¿Actúas de inmediato o haces una pausa? Dios no quiere que te aferres al enojo a largo plazo; tampoco quiere que reacciones impulsivamente sin pensarlo en oración. Sé equilibrado y paciente en tu enojo, como debes serlo en todas las áreas de tus emociones y de tu vida.

Ore: Señor Dios, tienes todo el derecho a estar enojado con nosotros. No escuchamos ni obedecemos. Despreciamos a Tu precioso Hijo y Su sacrificio. Nos ofendemos por pequeños malentendidos, pero ignoramos las graves injusticias y tragedias. Somos egoístas. Pero Tú, Dios Padre, eres paciente, bondadoso y lento para la ira. Enséñame Tus caminos. Ayúdame a ser como Jesús. En Su nombre oro. Amén.

Lectura: Nahúm 1:2-3, Mateo 5:21-22, Efesios 4:31, Gálatas 5:22-23

Versículo de Memorizar de la Semana: “Enójense, pero no pequen.” Efesios 4:26a, RVC