R & R
Alicia Gibson
Escritura de Hoy: “Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara.” Genesis 2:15 (NVI)
Tema: Participar en un trabajo gratificante formaba parte del diseño original de Dios y era una actividad libre de pecado antes de la caída.
UNA ADICCIÓN “SALUDABLE"
“El oxímoron que nos hace creer que tal cosa podría existir”.
De verdad, siempre me ha gustado estar ocupada. Parece ser parte de mi naturaleza. En la escuela primaria, en lugar de aburrirme, organizaba y reorganizaba mi estantería y mis estuches de lápices. Durante la secundaria y el bachillerato, asistir a clases no me mantenía lo suficientemente ocupada, así que conseguí un empleo. Podría contar con los dedos de una mano las veces que he dormido hasta las 11 de la mañana.
Ya de adulta, asumí los roles de esposa, madre, estudiante a tiempo completo, empresaria, voluntaria, líder de grupos pequeños, líder de grupos de madres y cualquier otra cosa que hiciera falta. Estaba tan ocupada que siempre tenía el teléfono pegado a la oreja y la computadora encendida. ¡Hay muchísimas fotos que lo demuestran! Cuando nuestro hijo tenía nueve años, me preguntó si alguna vez iríamos de vacaciones en familia. Lo irónico es que sí hacíamos muchas vacaciones; simplemente, yo nunca aprendía a desconectarme de todo, por lo que a él le parecía que yo ni siquiera estaba presente.
DESEOS DADOS POR DIOS
Dios nos creó con el deseo de trabajar, crear, multiplicarnos y cultivar. Al principio, estos eran deseos saludables. Luego, el pecado entró en el mundo y distorsionó esos buenos deseos. Por lo general, el pecado no inventa deseos nuevos; muy frecuente toma deseos buenos y los transforma en obsesiones poco saludables o en ídolos.
En muchos aspectos, nuestra cultura celebra estas “adicciones saludables”. En mi caso, ser una “adicta al trabajo” no se consideraba algo negativo; al contrario, gozaba de la reputación de ser una persona muy productiva y exitosa. Con el tiempo, el Espíritu Santo comenzó a convencerme. Me di cuenta de que el trabajo, y todo lo relacionado con él, se había convertido en un ídolo en mi vida. Ninguna cantidad de logros podría jamás producir una satisfacción duradera.
CON EL TANQUE VACÍO
Somos simplemente humanos. A fin de cuentas, solo podemos mantener ese ritmo frenético durante cierto tiempo.
El agotamiento se manifiesta de muchas formas: ansiedad, frustración, ira, impaciencia, insomnio, adicciones, enfermedades físicas y fatiga mental. La lista continúa. Con frecuencia, el agotamiento puede ser un indicador de que vivimos una vida basada en el control en lugar de la confianza.
¿Puedo decirte algo? Ninguna de las cosas que hacía era mala en sí misma. Trabajaba, cuidaba de mi familia, hacía ejercicio y servía en la iglesia local. Sin embargo, ignoraba el regalo del descanso que Dios nos da y me aferraba a querer tener el control.
Durante muchos años, parecía que la única forma en que Dios podía captar mi atención, una o dos veces al año, era permitiendo una enfermedad que me obligaba a guardar cama durante una semana o más. Solo entonces me detenía lo suficiente para reconocer cuán agotada estaba física y mentalmente. Con el tiempo, me di cuenta de que mi ajetreo no se trataba simplemente de productividad. Detrás de una agenda repleta se escondía el deseo de mantener todo en marcha, manejar cada resultado y mantener el control.
DESCUBRIENDO LA PLENITUD
Dios no nos creó para el control, la adicción o el agotamiento. Nos creó para glorificarle cada día. En el Génesis vemos que, en el séptimo día, Dios cesó de Su obra. ¿Por qué habría de dejar de trabajar el Dios del Universo, que nunca se cansa? No fue porque necesitara descansar, sino porque estaba estableciendo un ritmo de dependencia y confianza para Su pueblo.
Dios nos ha regalado un día para dejar de trabajar y soltar las exigencias de la semana, a fin de que podamos reconectar con Él. El día de reposo (o *Sabbat*) nos brinda un espacio para reflexionar, renovar el corazón y valorar las bendiciones y los logros de los seis días anteriores. Este mandato era tan importante que Dios lo incluyó en los Diez Mandamientos. Al considerar la trascendencia de los otros nueve, parece sabio prestar atención también a este.
Al honrar el día de reposo con regularidad, comenzamos a descubrir que la verdadera plenitud no se encuentra en lograr más, controlar más o cargar con más cosas. Se encuentra en caminar con Dios, administrar fielmente el trabajo y los dones que Él nos ha dado, y confiar en Él lo suficiente como para detenernos. El día de reposo nos recuerda que Dios es Dios, y nosotros no. Podemos descansar porque Él nunca descansa.
Hazlo Algo Personal: • ¿Qué responsabilidades o actividades te dificultan descansar?
• ¿Se han convertido la productividad o los logros en una fuente de identidad o seguridad para ti?
• ¿Cómo sería apartar tiempo intencionalmente esta semana para confiar en Dios en lugar de esforzarte afanosamente?
Considera honrar el día de reposo dedicando un día de esta semana a descansar. Inténtalo; márcalo en tu calendario y comprométete hoy mismo a apartar ese día.
Ore: Amado Jesús, gracias por el regalo del descanso. Gracias por cargar con el peso de mis luchas. Pongo el control en Tus manos y te pido que me ayudes a honrar Tu mandato de cesar el trabajo un día a la semana. Enséñame a confiar más profundamente en Ti y a encontrar mi plenitud solo en Ti. En el nombre de Cristo Jesús. Amén.
Lee: Éxodo 20:8-11; Hebreos 4:10-11; Eclesiastés 6:7; Salmo 127:1-2
Versículo para Memorizar de la Semana: “Acuérdate del día sábado para santificarlo.” Éxodo 20:8, NVI